Mi sobrina, once años, tiene enganchada a media familia al juego ese de adivinar la palabra de cinco letras. Le dije que le montaba uno suyo, con las palabras que eligiera ella. Abrí el IDE en el navegador, pedí una rejilla de cinco por seis y un teclado en pantalla, y en veinte minutos había algo jugable.
Nada de eso era lo difícil. Lo difícil eran los colores.
La regla parece de una línea: verde si la letra está en su sitio, amarillo si está en la palabra pero en otro sitio, gris si no está. Escribes el bucle, recorres las cinco posiciones, comparas. Y funciona. Funciona con casi todo.
Palabra secreta: SALTO. Intento: SILLA. La pantalla pintaba esto:
- S verde. Bien.
- I gris. Bien.
- L verde en la tercera casilla. Bien.
- L amarilla en la cuarta. Mal. En SALTO solo hay una L, y ya se la había quedado la verde.
- A amarilla. Bien.
Ese amarillo de más no es un detalle estético. En este juego el color es toda la información que tienes. Mi sobrina se pasó dos turnos buscando una segunda L que no existía y me dijo que el juego estaba roto. Lo estaba.
El bucle no lleva la cuenta
El fallo es que comparar posición a posición no recuerda nada. Cada casilla pregunta «¿está esta letra en la palabra?» y la respuesta es sí aunque esa única aparición ya esté gastada por otra casilla. El problema no es buscar: es contar.
El arreglo son dos pasadas. Primera: marcar los verdes y descontar esas letras de una bolsa con las letras de la palabra secreta. Segunda: recorrer las casillas restantes y dar amarillo solo si todavía queda esa letra en la bolsa, restando una cada vez. Treinta líneas en lugar de diez, y deja de mentir.
Dónde ayudó de verdad la IA
No escribiendo el juego; eso es un rato de teclado. Ayudó con lo aburrido. Le pedí: «dame intentos que rompan el coloreado con letras repetidas, cada uno con su palabra secreta y el resultado esperado casilla por casilla». Salieron los cuatro casos que importan: la repetida que solo aparece una vez en la secreta, la que aparece dos, la que ya se llevó el verde y la repetida que no está en absoluto.
Los pegué tal cual como tests. El segundo se puso rojo, y era justo el que yo no había mirado.
Todo esto pasó con el modelo dentro de la pestaña. Para un juego de palabras da igual, claro. Pero el lunes abro el mismo IDE con el repositorio de un cliente, y ahí el prompt deja de ser inocente: en cuanto empiezas a pegar funciones reales para que te saquen los casos límite, estás mandando código fuera. Aquí no salió ni una línea del portátil. Y siendo sábado por la mañana, en un tren sin cobertura, era además la única manera de que funcionara.
Abre Elffuss Code y escribe tu propio juego de una sentada: el editor y el modelo corren dentro de tu navegador, así que ni tu código ni tus prompts suben a ningún sitio.
Abrir Code →